El Tao Digital por Rafael Cippolini

Apuntes sobre las imágenes de Tomás Rawski


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Digamos que el nexo ya no opone, no escinde: digital y natural, y viceversa.
En material cultural, incluso artística, en algún momento significaron lo ya clásico y su contracara, lo incierto, la terra incognita. Hace tiempo –bastante tiempo- que empezamos a notar otra relación, una reciprocidad filosófica.

Esto es, lo digital en lo natural, así como lo natural en lo digital. Yin y Yang, complementarios, multiplicantes.

No se trata –seguramente nunca se trató- de técnicas o de formatos, de soportes o procedimientos, sino de estados de percepción, de conocimiento por los sentidos. Un lento aprendizaje de nuestra parte.
Estados de visión, como quien dice estados de ánimo o estados del clima.
Tomás Rawski pinta cascadas (en verde, amarillo, blanco). Si las vemos impresas, reproducidas en un libro o en un catálogo, bien podrían ser pinturas, grabados, dibujos o fotografías alteradas por una aplicación informática. Esta incerteza dejó de ser efecto y patrimonio de la Era Gutenberg, para expandirse en lo que, varias décadas atrás, a Gyula Kosice le gustó denominar Civilización de pantalla.

La predicción ya no lo es, porque poco a poco los límites de las pantallas se volvieron más y más inciertos. Una pantalla no es más que otra imagen en movimiento. Una en inabarcables otras. Los videos Fuego y Cascada así lo demuestran. En todos los casos, las formas se presentan como más contenedores de color. O simplemente contenedores: un eclipse lunar se nos aparece como un código de barras en degradé.
Y no es un simple truco, o una salida ingeniosa.

Toda imagen que producimos es almacenada, rotulada, mensurada. ¿No es ese su destino más inmediato, más allá de la mirada?
Esa gran cuadrícula que forma otra de sus obras, Mar, parcela lo imparcelable, indica lo líquido en tanto color, densidad, brillo. Digital, progresivamente, es otro modo de indicar cualidades, de renovar sus nombres, su semántica.

Digital y Natural: dinámicas y nuevos rótulos para seguir desarrollando estados del ojo.
Incluso los estados que parecen defectuosos, desbordados. Los estados overflow. Acercando el zoom todo estado es interferencia, tensión, distorsión.

Solemos sucumbir a la impresión de que aquello que reconocemos como digital facilita, simplifica, nos enseña otros accesos. Seamos inexactos y provocativos: desde Pitágoras, no nos debemos sólo a la naturaleza de los números sino a los números de la naturaleza. Rawski, levantando apenas el velo (¿una pantalla flexible?) nos recuerda que los colores son números infinitos.

Infinitos como la naturaleza.
Como lo digital.
Como el Tao.
Como –hola William Blake, hola Aldous Huxley- las puertas de la perspicacia.

Rafael Cippolini
Otoño, 2013

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